¡Cruri, cruri! 2×04: Último capítulo – ¡Recoge tus zapatos!

Nono ante una montonera de zapatos / Alex Femenías
El bicho lo había intentado, pero don Augusto estaba limpio. Tras agotar sus opciones, se sintió acorralado y saltó sobre el hombre para atacarle. Hincó sus piececitos en su abdomen y se colgó de su cuello. Objetivo: reventar la yugular a bocados desesperados. 
Las extremidades diminutas del duende le jugaron una mala pasada. Una mano gigante le cogió de la cabeza y lo separó sin esfuerzo del cuerpo que estaba intentando desgarrar. Al dejar en el suelo al ser paranormal, Augusto se dio cuenta de que entre sus dedos… ¡tenía lo que parecía la cara del presunto leprachaun!
Resultó ser una máscara. El animal fantástico era realmente un leprechaun de noche (también conocidos como clurichauns). Una clase de criaturas alcohólicas y alborotadoras que siempre están de juerga y no saben encarar la mañana con dignidad. Iguales en apariencia que sus hermanos de día pero con un tono más rosado en las mejillas.
Cuando no están bebiéndose la cerveza de las bodegas que custodian, fabrican calzado fantástico para caminantes, aventureros y mendigos exhaustos; a quienes se los regalan a cambio de un número desorbitado de monedas de oro o después de que hayan cumplido hazañas absurdas e imposibles. ¡Sólo cuando el duende ha desaparecido, los necesitados descubren que han adquirido dos zapatos del mismo pie!
A Nono se le acabó la paciencia. Iba a acabar esta historia de manera contundente. Desenfundó su T-vólver*, una pistola de seis cañones que disparaba electrodos aturdidores. Una maravilla modificada según sus necesidades . De lejos, parecía un revólver al que se le había incorporado, con sumo gusto, una ametralladora rotativa en miniatura. De cerca, era la viva imagen de la destrucción.

La veterinaria apretó el gatillo. Falló el primer intento por milímetros. El bicho era un blanco escurridizo y ella se había precipitado.  Accionó el corta-cables para poder disparar otra vez, y dio en el blanco. Uno de los proyectiles se clavó en la cabeza del ser mágico y el otro en el pecho. Una descarga de 500 voltios recorrió su cuerpecito y lo dejó inconsciente.
***
La muchacha llevaba dos horas sin parpadear para evitar que el ser desapareciese aunque estuviese dormido. Así que cuando el clurichaun despertó, fue concisa y directa.
-Nada de bromas, nada de juegos, ni de apariciones, ni de mentiras. Vas a volver por donde has venido, te llevarás todos tus zapatos y no volverás nunca más por esta parte del mundo.
-¡Blo, bi, ba blu!- gritó rabioso.
-No lo estás entendiendo. No sólo has violado la Ley de Transporte Interplanos sino que actuabas como otra entidad feérica y has atacado a una persona. No es que yo vaya a utilizar mis poderes de veterinaria contra tu enclenque cuerpecito, es que puedes pasarte mucho, muchisísimo tiempo en Casa Warp.
Ante tal amenaza, el hombrecito se sintió desamparado y accedió a las peticiones de la insidiosa vetective** con una condición: que destruyeran el portal y que el cruri no volviese a construir otro. Don Augusto dio su palabra y se mostró muy arrepentido y avergonzado.
El clurichaun, de nombre Agor, se desvaneció como el agua diluye la témpera. Cuando ya no quedaban más que unas trazas de su mágico ser, volvió a gritar ¡Cruri… fuli cruri!, mientras miraba con odio al hombre alargado.
Los técnicos del ZAP vieron como les desaparecían todos los zapatos que habían amontonado durante el día y a Nono se le escapó una risa y pensó que ella también se habría enfadado si un tonto descerebrado hubiera hecho una entrada no autorizada en su casa poniendo en peligro el equilibrio y la discreción del Límite.
-Menos mal que los ‘lepres’ remiendan zapatos y no diseñan bombas- le gritó a Dondon, el capataz del Zafarrancho, que, entre la indignación y el alivio, comprobó que su jornada laboral había acabado antes de lo esperado.
***
En el despacho, mientras preparaba el informe del caso, la muchacha empezó a ver que habían quedado varios cordones sin atar: el comportamiento del duende era muy extraño. Los chauns solían burlarse de los humanos con embustes y triquilluelas pero no solían hacer acusaciones tan graves como las que había hecho Agor y menos ponerse violentos. Tras anotar sus preocupaciones en el escrito, supo que no había sido su actuación más brillante.
-¿Será la falta de empatía?- pensó para sus adentros algo avergonzados, dio un carpetazo y se preparó para irse a casa.
 Una vez la casa estuvo desalojada, sin botines ni muchachas entrometidas, el señor Augusto pudo respirar tranquilo. Miró por la ventana hacia donde había estado el anillo de hadas, que estaba ahora destruido. Cuando se cercioró de que no había curiosos, corrió las cortinas y se acercó al sillón donde Nono se había quedado dormida.
Con una palanca oculta, lo desbloqueó del suelo y lo pudo arrastrar lo suficiente para desvelar una trampilla secreta. De su interior, emanaba un resplandor dorado, propio del oro leprechaun o del aura de las hadas de jardín secuestradas.

*La palabra ‘T-vólver’ viene de la contracción de las palabras ‘táser’ y ‘revólver’. Dispara electrodos que transmiten una descarga eléctrica de entre 500 y 1.000 voltios. El arma de Nono, sin embargo, presenta varias modificaciones: supera los límites legales de potencia con lo que puede ser letal, puede disparar proyectiles funcionales sin necesidad de que estén unidos al arma mediante una toma y puede disparar en modo automático.

**La palabra ‘vetective’ proviene de la contracción de las palabras ‘veterinario’ y ‘detective’. Básicamente, son investigadores del mundo paranimal.

Fin del segundo capítulo de ‘Paranimals: Veterinaria de Investigación al Límite’.
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