Estrellas lánguidas – Lala 3×04 (último capítulo)

Mopis y Lala / Alex Femenías

Nono cogió al animal y lo puso en la camilla. Lo examinó por arriba y por abajo, le miró las pezuñas, que resultó que también tenía, las alas y el hocico. No quería mirar dentro de la garganta por lo que pudiera encontrar. Esperaba que fuera un parásito tipo tricomoniasis o similar y que todo quedara en un susto, pero tenía un presentimiento horrible.

Y se cumplió. No había rastros de burbujitas amarillentas ni ningún otro síntoma de enfermedad vulgar. Estaba bien, un poco deshidratado y al borde de la muerte por inanición, pero sano. Era el peor de los escenarios. ¡Sí que era cuestión de vida o muerte! Pero no sólo la del bicho, sino la de todos los habitantes de la ciudad. Todos sus temores eran ciertos: el viento no silbaba porque alguien le había robado el canto a un gamusino.

Los gamusinos, cuyo nombre científico es ventus sibilabit, delimitan las zonas de acción de otras entidades paranormales. Son guardianes. Mediante sus silbidos, producidos en las noches de fuertes vientos, informan o recuerdan a los intrusos y maleantes que no pueden acceder a según qué territorios bien porque sean enclaves neutrales, bien porque les pertenezcan o porque alberguen reliquias peligrosas.


-¿Qué ha pasado?- preguntó Lala, que se había calmado al ver la rigurosidad con la que actuaba la veterinaria.
-El gamusino estaba solo, ¿verdad?
-Sí…
-Pues significa que su madre está muerta o ha sido raptada y que la ciudad está desprotegida y van a pasar cosas muy malas. Muy oscuras.
-Pero… ¿ha sido por mi culpa?
-No, este bebé aún no tiene voz, así que lo más probable es que a su madre, que era la protectora de esta zona, se la hayan robado.
-¿Y qué podemosh hacer?- inquirió Lala con la voz afectada.

La joven miró a la niña, se puso en cuclillas, le puso la mano en el hombro y escudriñó en su interior. Tras varios minutos en silencio, le preguntó:

-¿Quieres una nueva mascota?

Lala y sus mejillas de témpera roja no se lo podían creer. Aquella chica bizarra le acaba de pedir que cuidase del animalito. Los ojos le hicieron chiribitas con la intensidad de mil soles y soltó un sonoro: “¡shí, shí, shí…shí!”

Una vez pactados unos extraños términos que la niña no acabó de entender del todo (dentro de los cuales destacaban palabras como ‘sólo líquidos los primeros cinco días’, ‘visita periódica’, ‘discreción’, ‘guardián’, ‘seguridad’ y ‘muerte’), se marchó hacia su casa acunando con sus bracitos al polluelo de noche, que dormía envuelto en una mantita.

-Mopis, te llamarás Moooopis- gritó alegre, alargando la ‘o’.

Era un lucero que se perdía en un universo de sombras y tinieblas más allá de lo conocido. Las terroríficas arquitecturas grises y decadentes que hasta ahora la atemorizaban en sus paseos, se iban a convertir en una pieza insignificante del peligroso juego en el que acababa de entrar.

Cuando Nono les perdió de vista, suspiró intranquila, se metió en su laboratorio ambulante y descolgó el teléfono.

-Nono al aparato. Código de identificación ******. Quiero hacer un aviso de emergencia. Ha sido violado el sector Romeo, Alpha, Hotel, Lima, Echo, November, Echo, un enclave neutral dentro del Límite. Posible entrada de entidad paranormal violenta o ser demoníaco. Guardián desaparecido o muerto. Encontrada una cría no válida de momento. Sin canto. Se encuentra a salvo, ajena al contexto. Solicito iniciar un procedimiento de carácter urgente.

En su refugio, a la vera de la chimenea con el crepitar de las ascuas como banda sonora, Lala investigaba la oscuridad de Mopis. Seguía siendo tan feo como hacía dos horas pero ahora, al menos, se movía con torpeza. Era hipnótico, encantador. El engendro animal abrió unos ojitos rojos como estrellas lánguidas y Lala cayó rendida a sus… pezuñas. Sabía ver lo bonito en lo más horrible, así que en ese momento decidió que el bichájaro sería su primera mascota. Ya no estaría sola en el mundo.

-¡Y no hay másh que hablar!- gritó mientras restregaba, cariñosa, su cabeza contra la panza del gambosí.

Fin del tercer capítulo de ‘Paranimals: Veterinaria de Investigación al Límite’

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