¿Eres una veterinaria gótica? – Velada con un nocherrante 4×02

Lala / Kiko Sebastià
2. ¿Eres una veterinaria gótica?

Estuvo a punto de pegar un brinco y sortearles, pero un estrepitoso ronquido del monstruo en miniatura le hizo cambiar de parecer. Aunque sabía que se iba a arrepentir, le dio un golpecito con el pie a la niña y la despertó.

-¿Hay algún problema con el gamusino?- preguntó la veterinaria fría y apresurada.
– Me heeee quedado aquí dormida- respondió la niña con su voz aflautada y shesheante a una pregunta que no le habían formulado.
-¿Qué haces aquí? No tenía que verte hasta dentro de una semana- le dijo la joven contrariada.
-Pu- esh me he quedado dormida porque me ha costado mucho encontrar tu casa. ¿Qué te parece?- respondió con un tono petulante pero inevitablemente adorable.
-Eh…- acertó a decir Nono que se había quedado sin palabras- ¿Cómo se encuentra el monstruito?
-Una cosa- empezó jovial pero tajante Lala- No es un mon-struito, se llama Mopis, sigue muuuuy ca-lladito pero ahora soooomos mejores amigos.
-Mientras esté callado no tendrás que preocuparte de nada. Y por las sospechas que tenemos en Paranimals, va a estar así durante mucho tiempo… si no se queda mudo de por vida.
La veterinaria vio que la cháchara iba para largo y tomó otra decisión de la que sabía que iba a arrepentirse.
-¿Tú no tienes colegio?
-Yo noooo voy al coleeeee.
-Eso pensaba. ¿Quieres venir conmigo a dar un paseo?
-Bu-eno. Vale pero me tienes que contestar a algunas preguntas.
-A todas las que pueda- le dijo mostrando un atisbo de empatía desconocido en ella.

La joven y la niña llegaron hasta la calle de la casa de don Augusto. Nono había traído unos prismáticos. El hombre se acababa de levantar. Se desperezaba como un señor medio dormido, se hacía un café como un señor con prisas (mezclaba una aberración soluble con agua y leche) y escuchaba la radio como un señor con oídos funcionales.

Aun así, su fisionomía seguía siendo más propia de un espárrago blanco que de un humano. Un espárrago que se metía en el baño y un espárrago con vapor en la cabeza tras salir de la ducha. Todo indicaba que estaba a puntito de irse a trabajar cuando se acabó de encajar los mocasines, pero entonces abrió la puerta de la calle, recogió el diario que estaba tirado en el felpudo y se metió de nuevo en la casa cerrando la puerta con delicadeza.

-¿Y tú a que te dedicas?
-¿Perdón?
-Sí, porque esto no tiene mucho que ver con veterinarios.
-Bueno, soy vetective…- intentó argumentar la joven, ocultando que en realidad estaba de vacaciones.
-¡Porque tú erashh una veterinaria gótica!
-Eso… es un error del creativo que tenía cuando trabajaba por mi cuenta.
-Shi, vale, vale, pero… ¿Qué tipo de operaciones hace una veterinaria gótica?
-Lo típico, desintoxicaciones de ajo para vampiros, prótesis dentales para hombres lobo, tratamientos antidepresión para cuervos… pero… no soy una veterinaria gótica… ¡soy una veterinaria paranormal!- explotó, al verse arrollada por la labia inquisitorial de la mocosa.
-Pues eso no es lo que pone…
-Ya, quiero cambiarlo pero en la clínica dicen que no es prioritario y que…
-Sí, claro, claro.
-Tendrían que ponerme la marca corporativa y…
-Pero… ¿qué quiere decir vetective?- continuó Lala, ignorando las razones de Nono.
-Significa que soy una detective veterinaria que investiga y resuelve casos relacionados con lo paranormal. También opero y salvo vidas… si hace falta.
-¿Y por eso espiamos a este señor?
-Exacto.
-Pues a mí me parece un señor aburrido.

El sol rodó hasta el horizonte, el día se convirtió en crepúsculo y las chicas decidieron que ya habían hecho suficiente de pareja detectivesca. Nono sentía, cada vez más, que todo era demasiado perfecto. No había mácula aparente en don Augusto. Se había despertado y duchado, luego había desayunado, ojeado la prensa diaria, visto películas en gnómico y otros extraños idiomas y devorado, con los ojos y otras cosas, varios catálogos de lencería. ¿Y si se equivocaba? ¿Y si el hombre, simplemente, era una persona aburrida y nada misteriosa?

Nono dejó a Lala donde ésta le dijo que vivía. Al día siguiente, cambiaría de estrategia. Iría por la tarde, vería salir las estrellas y comprobaría si todo seguía mortalmente tedioso e idílico por la noche. Sin las abrumadoras preguntas de Lala, podría trabajar mejor.
Arrancó el coche y partió directa hacia la casa de San Espárrago, así había bautizado al sujeto investigado. Cuando había recorrido unos pocos metros, ¡sorpresa! Escuchó un ruido en la parte posterior del coche. Una especie de graznido extraordinario… ¡o el atronador ronquido de un gamusino!

Encajados en uno de los reposapiés de la parte trasera, dos figuras formaban un ovillo lastimero. Nono detuvo el coche de golpe. Lala, que hasta ese momento dormía agarrada a Mopis, despertó un solo ojo. Con el otro siguió durmiendo sin dar mucha importancia a lo que pasaba. El bichájaro no se dio cuenta de nada.

-¿No habrás dormido aquí, verdad?- preguntó, indignada, la veterinaria.
-Pueess igual sí, no tengo muuy claro cuando me dormí. ¿Qué haaacemos hoy? ¿Salimos fueeera de la ciudad?- respondió la niña en modo automático, mientras su cerebro acaba de encenderse del todo.
-Tengo que seguir investigando- dijo, asumiendo que iba a ser más fácil dejar que la niña le acompañase que desembarazarse de ella. Odiaba muchas cosas, pero era eminentemente práctica y tenía una misión.
-Ah, quieres ‘disir’… espiando. ¡Qué rollo!

-Ayer me dijiste -empezó Nono cortando las críticas de cuajo- que te habías hecho amiga de… ¿cómo lo llamas? Mopis. ¿Quieres que te cuente algo acerca de eso?
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