Universo de colorines – Velada con un nocherrante 4×05 (último capítulo)

Nono, Mopis y Lala / Kiko Sebastià
En un derroche de inconsciencia y buenas intenciones, Lala corrió hacia el nocherrante y le dio un cabezazo en la boca del estómago pero el monstruo no se inmutó. Haría pinchito de niñas entrometidas. Las ensartaría a ambas con sus garfios en un sólo movimiento.
Justo cuando el monstruo preparaba el gancho que atravesaría primero el estómago de Lala y luego el esternón de la veterinaria, el tiempo se detuvo. Un rugido proveniente del inframundo, con la potencia de cien sirenas de transatlántico embistió al espárrago corrupto.

Era una fuerza sobrenatural que escupía vientos, que vomitaba huracanes. Era un silbido insoportable, un torrente de aire a presión sin mesura, más allá de toda unidad de medida. Era un tren descarrilado destrozando un rascacielos.

El nocherrante acabó empotrado contra las esferas gelatinosas. Una de ellas se resquebrajó tras el impacto. Había sido Mopis. El pequeño gamusino mudo había hablado. Nadie se metía con Lala y menos un fantasmagórico personaje como ése. Nono reaccionó en seguida y se dispuso a inmovilizar al señor Augusto, pero en un movimiento propio de una pastilla de jabón húmeda se escabulló y con un sonoro ¡fup!, envuelto de humo, desapareció de la habitación.

Las dos chicas se quedaron solas en la estancia. No había rastro de la criatura. La mayor se acercó a la extraña hueva quebrada. Se podía ver su interior. Una figura diminuta dormitaba en una solución lechosa conectada a distintos cables. Unos iban a su boca, otros a sus oídos y a la nariz y, aún varios más, gracias a ventosas se adherían a su menudo cuerpecito.

Era un bebé de leprechaun. El líquido blanco empezó a filtrarse por las grietas. Nono calculó que tenía unos dos minutos antes de que se vaciase demasiado y el duendecillo despertase y muriera, tal como había revelado el nocherrante. Debía desactivar la esfera con seguridad.

En una de las viscosas hojas del champiñón de luces había un gran panel de leds luminosos. Según dedujo, uno por cápsula. Uno de ellos se iluminaba en rojo intermitente, en vez de en amarillo constante. ¿Sería tan fácil? No lo sabría hasta que apretase. Giró la cara y la protegió con un brazo. Mirando de reojo y con el dedo tembloroso e inseguro presionó la tecla circular.

Desde el techo se escuchó un estómago gigante. O eso les pareció a las chicas. Poco a poco se abrió un orificio del que empezaron a gotear distintos tipos de líquidos más o menos viscosos. Un brazo con tres dedos del tamaño de plátanos se hizo camino dilatando la apertura. De sus extremos, diminutas pinzas se golpeaban histéricas entre sí.

Sin dejar que Nono o Lala pudieran reaccionar, se dirigió hacia la burbuja fracturada. La dispuso en una camilla y seccionó la esfera, que se desmoronó como una placenta a ambos lados de la criatura. Las frenéticas pinzas retiraron con cuidado los cables a los que el leprechaun estaba conectado y el bicho empezó a respirar lentamente, ajeno a lo que ocurría a su alrededor.

La compuerta que se había cerrado para siempre estaba ahora destrozada en parte con una apertura suficiente para que las jóvenes intrépidas pudieran escapar del lugar. Nono cogió a Lala, a Mopis y al bebé y se los llevó al exterior para sacarlos de aquel terrible lugar y avisar del incidente.


Si todo era tan feo como pintaba, se avecinaba una guerra entre planos. O al menos una invasión. Pero ese no era el problema más inmediato. Ya en el coche, el gamusino se quedó dormidito en los brazos de la niña, poco quedaba del monstruo de poder sobrenatural que había espantado al nocherrante.

-¿Cómo te encuentras?
-¡Shuper bien! ¡Ha shido fantashtigenial! ¿Hash vishto como Mopish shí que era shuper fuerte y… y… importante?
-Pues de eso tenemos que hablar.
-¡Vale! Yo prime. Es maravilloso porque cuando parecía que el bicho blanco y feo nos iba a comer o cosas muchíshimo peores, Mopis ha…
-No me refiero a eso. ¿Recuerdas que te he dicho que Mopis no iba a ser peligroso mientras estuviera callado? Pues ahora sí. Ahora ya puede hacer de gamusino adulto y eso sólo le va a traer problemas. Y no me refiero a una estúpida y aburrida semana de vacaciones. Me refiero a invasores, a ladrones, a monstruos grandes y con muchos dientes, a comepárpados salvajes… a enfrentarse a lo que fuera que matara a su madre.
-Pu…es… ¡yo lentrenaré!
-No se trata de eso. Desde este momento, Mopis es un imán de mal, muerte y bichos con cuernos gigantes y apetito voraz y todo tipo de aberraciones funestas de más allá del Límite.

La niña se encerró en sí misma y tras una pataleta antológica, con un gran berrinche como protagonista, y argumentos como “pero mira que mono es”, “no puedo dejar a su suerte a mi primera mascota verdadera porque tú lo digas” o “eres una shuper malíshima”, la veterinaria acabó doblegándose a su voluntad y le dijo, no sin mal gana y temor a un futuro lleno de gritos, niñas corriendo a las cinco de la mañana y un universo de colorines:

-Pues te vas a quedar conmigo una temporada. Pero acatarás mis órdenes, no harás ruido y vas a trabajar en tu pronunciación de la maldita letra ‘s’. ¿Entendido?

Un pájaro graznó en el cielo. Ambas miraron hacia arriba y supieron que era el momento de ponerse en marcha. Dejarían al bebé a salvo y, esta vez, Nono disfrutaría de lo que quedaba del fin de semana. Nada de visitas a la clínica y, de momento, nada de investigaciones fuera de horario. Se acercaban tiempos oscuros y ella acababa de acoger en su casa a una niña hiperactiva y cabezona y a un pequeño guardián del Límite. Necesitaba un descanso y empezar a ordenar su nueva vida.

Fin de la primera temporada de ‘Paranimals: Veterinaria de Investigación al Límite’.

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