El vigilio mayor (Cuento de Brumalia 2/5)

La noche cae en la ciudad / Muñeca de +Eva Hikaru / Imagen de +Hect Paranimals 

Lala miró a Nono con miedo y admiración. Tenía una belleza inconsciente, taciturna. Sus enormes ojos negros brillaban con pasión encima de sus ojeras moradas y su negra melena ondulada caía ordenada y vigorosa sobre sus hombros en contraste con su piel del color del hueso. Vestida con aquella fina gabardina blanca tenía un aire autoritario y poderoso. Su apariencia le definía bien: una mujer tranquila y educada que cuando quería podía ser impredecible y muy peligrosa. «¿En serio no tenía frío yendo tan poco abrigada? ¿En serio pensaba que era el momento de una de sus ininterrumpibles y, por otra parte, divertidas explicasiones?». 

-Pero si me lo explicas seguimos andando… porque no quiero acabar muertesita enterrada bajo la nieve, ¿sí? 
 
-Bien. ¿Nada de interrupciones? 
 
-Vale… pero si te explicas mal igual te tengo que interrumpir un poco solo. 
 
Nono le echó una mirada fulminante y la niña se encogió lanzando un gemido, como un perrito asustado. Era el momento de empezar. 
 
-Así era y no era -empezó Nono con la clásica apertura de los relatos folclóricos- cuando en un 31 de octubre de hace miles de años, el día que ahora llamamos Samhain o Final del Verano, las llaves del Inframundo se perdieron y sus puertas quedaron abiertas. Terribles espectros y fuerzas inhumanas escaparon del lugar e invadieron la Tierra, arrasando con campos de cultivo, ganado y, en según que versiones, asesinando, incluso a los primogénitos. 
 
Lala la miró en silencio con los ojos abiertos como soles: aquella historia le estaba dando mucho miedo. Una ráfaga de viento le alborotó el pelo colorado que sobresalía de su gorro y se sobresaltó.
Los espectros del Inframundo, criaturas incorpóreas que adoptaban la forma del miedo de las personas, pronto convirtieron la Realidad en un verdadero caos.
 
-En una maniobra desesperada, el vigilio mayor, el encargado de guardar la llaves, envió a sus carceleros a buscarlas y a capturar a los moradores del Inframundo fugados. Armados con faroles de luz naranja visitaban las casas, una por una, en busca de las llaves y las almas perdidas. 
 
-Vaya… ¿Por eso se ponen nabos y calabasas con velas en las puertas de las casas? 
 
-La búsqueda y captura se prolongó durante 51 días en los que nunca se vio el sol -continuó Nono, sin contestar la pregunta de la niña pero guiñándole un ojo. -Los espectros desatados del Inframundo tapaban el cielo con su presencia como un terrible manto negro alrededor de la Tierra. Fue entonces cuando se acuñó el término ‘Estación Oscura’, el momento del año en el que la Realidad se cubre de tinieblas. 
 

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