El Árbol de la Existencia (Cuento de Brumalia 5/5)

Detalle de la ciudad / Ilustración de Iria Abella


-Pero hay un problema -continuó la niña- ahora sé por qué tenemos un pastel y un árbol… pero ¿por qué hemos salido de casa con el mal tiempo que hase? 

 
-¿Aun no te he convencido? Qué quejica estas hoy, mocosa. Al final, todo se resume en tradición, cosechas y psicología. 
 
-¿Cómo que psicología? -saltó indignada la niña. 

Nono y Lala / Iria Abella

-Verás, en la Estación Oscura, cuando las puertas del Inframundo están abiertas y la noche parece no tener fin, solo hay frío, soledad y peligro. La gente entristece sin saber por qué, las mujeres débiles lloran y los hombres tontos transforman su pena en violencia. Se cometen crímenes y todo tipo de barbaridades sin motivo aparente. Por eso, el día de la noche más larga, cuando parece que nunca más va a volver a salir el sol, nos reunimos con quienes nos importan para que su compañía y el calor del hogar nos haga fuertes y nos acompañe en el final de este tiempo de penuria. 

 
Lala quedó petrificada de la impresión, se le cayó el árbol al suelo y la maceta se rompió en muchos pedazos. 
 
Nono la miró y sonrió. 
 
La niña le devolvió la mirada nerviosa y preocupada. Se apretó contra las piernas de su tutora y empezó a sollozar. 
 
-He… roto… El Árbol de la Es-sistensia… No sabía que era tan imporante… solo me paresía un arbolito bonito… ¡pero ahora, tal como dijiste, habrá terribles consecuensias! 
 
La joven no pudo contener la risa. 
 
-Pero míralo. ¿No lo ves? Se ha caído pero no está roto, solo algo dañado, sigue en pie, pequeño y fuerte y no protesta. Una caída o un golpe es incapaz de destruir a El árbol de la Existencia… haría falta muchísimo más. 
 
Lala miró hacia al bonsai. Estaba de pie, erguido en el suelo húmedo de piedra y apenas se le habían caído tres o cuatro hojas. Sus pequeñas raíces se veían a través de la tierra.
-Ahora lo cogeremos con cuidado y cuando lleguemos a casa de Mara y Cramer lo pondremos en otra maceta. 
 
Nono separó los trozos de maceta rotos que quedaban pegados a la tierra y le devolvió el bonsai a Lala. La niña lo cogió y no volvió a protestar durante todo el camino. Susurraba una y otra vez con los ojos fijos en la planta: 
 
-El Árbol de la Essistencia sobrevive la pasiensia del vigilio, El Árbol de la Essistencia sobrevive la pasiensia del vigilio y yo… también.

Primer capítulo de ‘Cuento de Brumalia’
Segundo capítulo de ‘Cuento de Brumalia’
Tercer capítulo de ‘Cuento de Brumalia’
Cuarto capítulo de ‘Cuento de Brumalia’
Quinto capítulo de ‘Cuento de Brumalia’

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