El llanto de la madre

Rhilene Confidencial #20

Por R. Bravo. Laia está gritando el nombre de su hijo desaparecido en sueños. Ya es su turno de guardia. La intento despertar pero es imposible. Tras molestarla durante varios minutos, poniéndole la mano en el hombro y zarandeándola, acaba por incorporarse. Está ida. Se sienta y sonríe con los ojos en blanco.

A mi espalda siento una presencia. Noto una respiración profunda. Me giro lentamente. Estoy aterrorizado. Veo una gran figura envuelta en sombras. ¡Es Beibei! Se ha librado de las cuerdas a las que le atamos por si despertaba y seguía poseído. “Buenas noches, gentuza”, dice con la mirada fija en nosotros. Laia se ha puesto a reír estrepitosamente.

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