Lala

El caso de los colores impertinentes y la extraña oscuridad

1. ¡Piruleta y algodón!

Lala era una niña de piruleta y algodón. Sus ojos grandes y amarillos lo veían todo y se posaban sobre sus henchidas mejillas pintadas con témpera roja. Solía llevar vestidos de topos, a cuadros o de pajaritos. Tenía dos trenzas aerodinámicas del color del atardecer y era vivaracha como un desayuno con tres tazas de café.

La ciudad donde vivía era gris y tenebrosa. Los rascacielos se alzaban como las sombras de seres malvados y los barrios de gente pobre se consumían entre escombros, graffitis y aluminosis. Sin embargo, Lala sabía ver el encanto en la mayoría de cosas. Sabía encontrar los colorines ocultos entre el hollín y vivir aventuras fantásticas entre las moles de cemento y cristal que se habían adueñado tiempo atrás de la costa.Lala 01a

Aquella noche el viento no silbaba. El tiempo parecía no tener prisa y la temperatura era incluso agradable. Fue en el transcurso de uno de sus paseos vespertinos cuando, a lo lejos, vio una pequeña islita de piedras antiguas rodeada por un mar de edificios de metal y luces de neón. Estaba en ruinas y parecía haber sido víctima de un bombardeo.

Normalmente no se alejaba tanto de su barrio pero ese día nada le daba miedo y decidió acercarse corriendo. Parecía una centella, un rayo globular, que iluminaba las tristes y apagadas calles a su paso, como una bolita de luz incansable. Incesante.

Le había entrado la prisa porque desde lo alto de la ciudad, donde estaba, a la niña le daba mucha pena aquella vieja construcción, tan vieja y solitaria rodeada de todos esos matones modernos y estirados que eran los bloques de pisos y oficinas que la acechaban.

Lala 01b

No se lo podía creer. Cuando llegó, descubrió que la viejecita solitaria… ¡era una iglesia sin cabeza! Tenía la planta y las paredes de piedras sillares con el hueco para un rosetón y ventanucos, aunque sin rastro de vidrieras. Había arcos y en la parte posterior varios contrafuertes que sostenían una cúpula semiderruida. Pero más allá de eso, no había techo.

Tras el asombro inicial, vino algo aún más impactante. La naturaleza estaba desatada dentro del edificio. Era un pequeño bosque de varias decenas de árboles y numerosas enredaderas de extrañas formas. Algunas recorrían la fachada o saltaban de árbol a árbol, pero otras dibujaban formas rectangulares suspendidas en el aire. Cuando se acercó a una de ellas, todas sus expectativas se rompieron. ¡Eran las porterías de un campo de fútbol! Surrealista, increíble, poco verosímil incluso para la realidad… pero allí estaba, ¡dentro del edificio sagrado!

2. ¡Bichájaro!

Lo escudriñó de arriba a bajo. De izquierda derecha y vuelta a empezar. Casi dejaba un haz de luz a su paso mientras iba de una piedra a otra. Era un lugar impresionante. Su nuevo lugar ‘más preferido’, como diría más tarde. Pero entonces reparó en la tercera nota discordante de la noche. En una de las esquinas más oscuras del recinto, bajo un almendro, había un pequeño animalito de formas extrañas. Estaba quietecito, como si no tuviera vida. Lala detuvo su marcha fulgurante y se acercó recelosa.Lala Por Alex Femenías
Era la cría del bicho más feo que había visto en su vida. Estaba hecho de oscuridad y descifrar su anatomía fue complicado. Tenía alas y hocico. Lo de los ojos no estaba claro y la niña fue incapaz de entender el resto de extremidades. Podría ser el eslabón perdido entre los grandes insectos y los pájaros primitivos.

-¡Se mueve!- dijo la niña en alto. Sonaba a terciopelo fosforescente asustado.

Miró hacia la copa del árbol pero no había rastro de nido alguno, ni de mamá insectpájaro. Sólo las ramas del almendro y algunas flores perezosas que aún no querían marcharse de casa.

No tenía herida alguna pero parecía estar débil o enfermo. ¡En un estado de extrema gravedad! Apenas podía mover la boca y la niña concluyó que aquellos bultitos encima del hocico parecían párpados que no se podían abrir. La aventurera tenía una misión urgente. ¡Debía salvar a la criatura, viniera del infierno que viniera! No podía dejar que aquel bichájaro se quedará ahí y muriera congelado.

-¡No, no, no, esho shí que no!- exclamó con su voz hiperactiva y revelando lo difícil que le resultaba pronunciar las ‘eses’ cuando se ponía nerviosa o estaba muy contenta.

Haciendo el ‘nino, nino’ de la ambulancia cogió al animal y salió corriendo de la iglesia.Lala 03a

Subía como el rayo por una avenida empedrada, flanqueada por casas colgantes, algunas reformadas, otras en estado de ruina. Entonces, se topó con una figura siniestra. Era una joven de formas larguiruchas y retorcidas y con dos pozos negros como ojos. Toda de blanco, su indumentaria se debatía entre un uniforme clínico y un vestido babydoll corto y con vuelo. Su pelo, largo y oscuro, formaba bucles al viento. Intimidaba y provocaba admiración a partes iguales.

A su espalda, un enorme carromato de madera, con multitud de chimeneas o tubos de escape, y cachivaches varios hacían la estampa aún más amenazante. De frente, parecía una vieja locomotora decimonónica. Pero de proporciones reducidas, como si la hubieran chafado. En un cartel, hecho a mano con una caligrafía terrorífica, se podía leer: ‘El laboratorio ambulante de Nono’ y en un renglón inferior: ‘Veterinaria gótica’.

3. El silbido del viento

-¡No, no, no! ¡No tengo tiempo para tonteríash!- le gritó con su voz revoltosa a la veterinaria, mientras la intentaba esquivar.

Resoplando contra su flequillo rebelde, la mujer de blanco alcanzó a Lala y la cogió por el pescuezo, como si fuera un gato indefenso.

-¿No ves que estoy en una misión de vida o muerte? ¡No puedes entrometerte en mi camino!
-Estoy aquí por la criatura. Así que cállate y deja de actuar como una niña.
-¡Soy una niña! ¿No ves mis trencitas?- le gritó enfadadísima y a puntito de llorar.Lala 03b

Ignorando el comentario, las pataletas y la ristra de improperios que vinieron a continuación, metió a la niña revoltosa y al animal dentro del vehículo. Estaba tan limpio que daba miedo pisar con los zapatos de la calle. De hecho, Lala no se había dado cuenta y ya tenía puestos unos patucos sanitarios y una mascarilla.

Extrañísimas piezas de instrumental quirúrgico colgaban de una de las paredes. Pinzas de campo, de tejido y de separación; retractores, bisturíes de distintos tamaños, agujas. Tijeras de disección, de hilo y para apósitos, escápulas y otras cosas menos propias para un sitio como ése: martillos, hachas y una colección de cuchillos larguísimos que la niña de piruleta y algodón hubiera jurado que eran espadas… e incluso, le pareció ver una alabarda.

4. Estrellas lánguidas

Nono cogió al animal y lo puso en la camilla. Lo examinó por arriba y por abajo, le miró las pezuñas, que resultó que también tenía, las alas y el hocico. No quería mirar dentro de la garganta por lo que pudiera encontrar. Esperaba que fuera un parásito tipo tricomoniasis o similar y que todo quedara en un susto, pero tenía un presentimiento horrible.

Y se cumplió. No había rastros de burbujitas amarillentas ni ningún otro síntoma de enfermedad vulgar. Estaba bien, un poco deshidratado y al borde de la muerte por inanición, pero sano. Era el peor de los escenarios. ¡Sí que era cuestión de vida o muerte! Pero no sólo la del bicho, sino la de todos los habitantes de la ciudad. Todos sus temores eran ciertos: el viento no silbaba porque alguien le había robado el canto a un gamusino.Lala Por Alex Femenías

Los gamusinos, cuyo nombre científico es ventus sibilabit, delimitan las zonas de acción de otras entidades paranormales. Son guardianes. Mediante sus silbidos, producidos en las noches de fuertes vientos, informan o recuerdan a los intrusos y maleantes que no pueden acceder a según qué territorios bien porque sean enclaves neutrales, bien porque les pertenezcan o porque alberguen reliquias peligrosas.

-¿Qué ha pasado?- preguntó Lala, que se había calmado al ver la rigurosidad con la que actuaba la veterinaria.
-El gamusino estaba solo, ¿verdad?
-Sí…
-Pues significa que su madre está muerta o ha sido raptada y que la ciudad está desprotegida y van a pasar cosas muy malas. Muy oscuras.
-Pero… ¿ha sido por mi culpa?
-No, este bebé aún no tiene voz, así que lo más probable es que a su madre, que era la protectora de esta zona, se la hayan robado.
-¿Y qué podemosh hacer?- inquirió Lala con la voz afectada.Lala 05

La joven miró a la niña, se puso en cuclillas, le puso la mano en el hombro y escudriñó en su interior. Tras varios minutos en silencio, le preguntó:

-¿Quieres una nueva mascota?

Lala y sus mejillas de témpera roja no se lo podían creer. Aquella chica bizarra le acaba de pedir que cuidase del animalito. Los ojos le hicieron chiribitas con la intensidad de mil soles y soltó un sonoro: “¡shí, shí, shí…shí!”

Una vez pactados unos extraños términos que la niña no acabó de entender del todo (dentro de los cuales destacaban palabras como ‘sólo líquidos los primeros cinco días’, ‘visita periódica’, ‘discreción’, ‘guardián’, ‘seguridad’ y ‘muerte’), se marchó hacia su casa acunando con sus bracitos al polluelo de noche, que dormía envuelto en una mantita.

-Mopis, te llamarás Moooopis- gritó alegre, alargando la ‘o’.Lala 06

Era un lucero que se perdía en un universo de sombras y tinieblas más allá de lo conocido. Las terroríficas arquitecturas grises y decadentes que hasta ahora la atemorizaban en sus paseos, se iban a convertir en una pieza insignificante del peligroso juego en el que acababa de entrar.

Cuando Nono les perdió de vista, suspiró intranquila, se metió en su laboratorio ambulante y descolgó el teléfono.

-Nono al aparato. Código de identificación ******. Quiero hacer un aviso de emergencia. Ha sido violado el sector Romeo, Alpha, Hotel, Lima, Echo, November, Echo, un enclave neutral dentro del Límite. Posible entrada de entidad paranormal violenta o ser demoníaco. Guardián desaparecido o muerto. Encontrada una cría no válida de momento. Sin canto. Se encuentra a salvo, ajena al contexto. Solicito iniciar un procedimiento de carácter urgente.

En su refugio, a la vera de la chimenea con el crepitar de las ascuas como banda sonora, Lala investigaba la oscuridad de Mopis. Seguía siendo tan feo como hacía dos horas pero ahora, al menos, se movía con torpeza. Era hipnótico, encantador. El engendro animal abrió unos ojitos rojos como estrellas lánguidas y Lala cayó rendida a sus… pezuñas. Sabía ver lo bonito en lo más horrible, así que en ese momento decidió que el bichájaro sería su primera mascota. Ya no estaría sola en el mundo.

-¡Y no hay másh que hablar!- gritó mientras restregaba, cariñosa, su cabeza contra la panza del gambosí.Lala 07