Paranimals – Casa del Miedo

La primera novela de Paranimals

Casa del Miedo

SINOPSIS

Nono Salvatore es una detective veterinaria de veintipocos años. Le encantan los animales, las armas y el chocolate, pero odia a la mayoría de humanos.

Desde que se vio forzada a acoger a Lala, una niña huérfana y a su mascota Mopis, un gamusino, su vida transcurre entre muchas preguntas, llantos matutinos y, también, alegría.

Pero esto no durará mucho más: la inexplicable muerte de un paranimal les llevará a tomar parte de una investigación en la que no solo se jugarán la vida, sino el futuro de la humanidad… que Nono tanto detesta.

Un poco del cómo se hizo por Héctor Rubio

La historia de Paranimals empieza el último día de marzo de 2013 con un blog y cuatro cuentos ilustrados. Ahora, dos años después hay seis cuentos y una novela, ‘Paranimals – Casa del Miedo’. Esta es el punto de partida para entrar en el universo de Paranimals, su carta de presentación.

Desde 2013 a la fecha de la publicación de la novela, el 15 de junio de 2016, han pasado muchas cosas, he escrito más de 70 entradas en el blog, he hecho alguna apuesta y he publicado numerosas fotos en Instagram con -casi en exclusiva- a Nono Salvatore como protagonista absoluta de ellas.

Todo el proyecto empezó como un reto contra mi mismo. Me considero una persona normal y con pasión, tanto en el trabajo como en mis aficiones. La página web en la que estás, y Paranimals por extensión, resume bien cómo intento afrontar las cosas: poco a poco pero de manera constante.

Espero que si te animas a entrar en Paranimals pases un buen rato. Si hay algo que te gusta un poquito, algo que te sorprenda o incluso emociona, ya habré triunfado. He disfrutado escribiendo y martirizando a aquellos que me han ayudado en el camino (Sis, Jos, Peps, Tobal, papá…), así que espero que parte del buen rato que he pasado te llegue a ti.

Ahora, te dejo con el primer capítulo de ‘Paranimals – Casa del Miedo’ aquí debajo y con todo el contenido de la web diseñada por sendos.net. Tienes el contenido del blog con las novedades y los diarios de redacción, los primeros cuatro cuentos de Paranimals (2013-2014), así como ‘Cuento de Brumalia’ y ‘Rhilene Confidencial’, escritos estos en 2016.

Cambio y corto atentamente,
Hect – ¿quién soy?

Primer capítulo de ‘Paranimals – Casa del Miedo’

NOCHE SIN LUNA

El mundo explotaba y Nono era feliz. La Tierra se hacía añicos en una flor de basura espacial y ella se convertía en la única superviviente de la humanidad. Flotaba por el vacío sin preocupaciones, dando vueltas sobre sí misma con los brazos en cruz, visitando sin prisa los restos del planeta. Regodeándose. Cuando se acercaba lo suficiente a uno de los deshojados pétalos terrestres, lo miraba con desprecio y se impulsaba en él para que la falta de gravedad la llevase grácilmente a cualquier otro lugar al que mirar con odio. Pero esa noche, tras darse cuenta de que había pateado las ruinas de lo que había sido su casa, despertó angustiada.

Eran las cinco de la madrugada de un frío martes de febrero. Suspiró indignada y se escabulló de la cama de manera silenciosa para ir al baño. El espejo reflejaba a una joven de unos veintipocos años. De cara pálida y ojeras moradas, sus ojos negros estaban separados por una imponente nariz triangular. Iban a juego con unas largas cejas negras y unos finos labios, casi siempre en mueca de desaprobación. Una frondosa melena ondulada, color noche sin luna, completaba un conjunto elegante y tenebroso a partes iguales.

Salió al jardín trasero, procurando no hacer ruido al pisar el suelo de madera y al abrir y cerrar puertas. Estiró los brazos y miró hacia la oscuridad del bosque que crecía más allá del murete que delimitaba la finca. Estiró también las piernas y empezó sus ejercicios diarios. Su profesión requería que estuviese en forma y, además, el deporte le permitía canalizar su odio con precisión.

Acabó su rutina con una larga sesión de estiramientos y, antes de entrar en la casa, se fijó en su habitación a través de la ventana. Tres figuras seguían durmiendo en la cama: su gato Lúfuco; Lala, una niña a la que había acogido hacía dos años; y Mopis, una cría de gamusino, una quimera hecha de viento y oscuridad, la mascota de la pequeña. Desvió la mirada al cielo y sonrió. Cómo había cambiado todo desde entonces.

Cuando Nono conoció a Lala, esta era más un animal asustado y enfadado que una niña humana. Hecha de piruleta y algodón, sus redondos ojos amarillos lo veían todo y se posaban sobre sus henchidas mejillas pintadas con témpera roja. Su pelo era lacio y del color del atardecer. Llevaba un ajado vestido estampado de rombos y lleno de desgarros. Era una huérfana curiosa, respondona y sin modales, una verdadera metralleta de preguntas.

Fue en una noche sin viento. Lala acababa de encontrar a Mopis, malherido bajo un árbol. En ese momento, a la niña le pareció el bicho más feo y adorable que había visto jamás. Tenía alas, pico, una larga cola, grandes pezuñas y unos redondos ojos rojos. Parecía un cruce prohibido entre mamífero, pájaro e insecto, y se encontraba muy débil.

Siempre que Nono pensaba en la escena sonreía: la rabieta que cogió Lala cuando la agarró por el pescuezo y la metió, junto al gamusino, en su laboratorio ambulante fue apoteósica. Hubo gritos, pataletas y una gran colección de insultos inventados. Antes de poder tocar al animal, le tuvo que explicar que ella era una detective veterinaria, cargo conocido como vetective y que trabajaba en Paranimals, una clínica de investigación, sanación, protección y sacrificio de criaturas paranormales.

—¡Pues yo me llamo Lala y soy solo una niña! No colecsiono nombres raros como tú, pero si le hases daño ¡te la verás con mi justisia!
Nono la miró muy seria y, segundos más tarde, sonrió. Hacía tiempo que no escuchaba un nombre como el suyo.
—No te preocupes. Voy a curarle, en serio. Ahora, cállate. Deja que me concentre para trabajar y ver qué le ocurre al monstruito. Pero antes de nada, ayúdame a vendarme los ojos.
—¿Vas a curarle con los ojos tapados?
—¿Tú ves bien definido al bicho?
—No…
—Pues yo tampoco. Los gamusinos son expertos en engañar el sentido de la vista. Si quisiera, podría hacernos creer que se está moviendo, que parece una cosa que no es o aparentar que es mucho más grande o pequeño. Lo verás tú misma dentro de nada. Con él, solo me puedo fiar de lo que toco.

Durante el reconocimiento, la vetective advirtió que la criatura presentaba edemas en las extremidades, tenía la presión arterial muy baja y estaba taquicárdica. Al menos, no había heridas por violencia ni síntomas de infección.

—¿Diagnóstico? —dijo la veterinaria en voz alta—. Animal famélico, al borde de la inanición. ¿Tratamiento? Suero, leche y verduras para empezar. Y muchos cariños de enana impertinente —apuntó mirando a Lala.

Una vez lo estabilizaron y dejaron en reposo, Nono intentó encontrar a la madre, pero tras varios días de búsqueda tuvo que desistir. ¿Dónde estaría? ¿Qué le había pasado? ¿Había abandonado a su cría? ¿Por qué aquella niña podía ver a un gamusino sin haberse entrenado para tal efecto? Eran preguntas que no había podido responder entonces y a las que ahora, dos años más tarde, había dejado de dar importancia. Decidió que si Lala podía ver a un ser hecho de viento y oscuridad, cosa muy poco común entre los humanos, también podría responsabilizarse de él. Si la niña se encargaba de la criatura, ella se encargaría de la pequeña y la convertiría en su aprendiz. Parecía tener aptitudes. Además, aunque entonces Mopis no emitía más que lastimosos graznidos, su voz acabaría por despertar y adquiriría el poder de crear vendavales. Aquel podía ser un momento muy peligroso, como acabó siendo. Ocurrió solo unos meses después de haberles acogido y fue otro día para recordar: hubo tesoros, duendes y mucho, mucho viento.

Nono pensó en cómo había cambiado todo desde entonces y entendió por qué se había despertado sobresaltada. Ya no era feliz siendo la única superviviente de la Tierra. No quería flotar sola por el espacio. Quería a esas dos criaturas, y a su gato, en su viaje. Era un sueño mucho más pleno, una vida como nunca antes había conocido, como no le habían dejado tener. Aunque seguía odiando a los humanos con pasión, aquella niña había resucitado en ella sentimientos que creía muertos.